Franz von Bergen/Cecilia Caione.
Al apenas pisar San Fernando de Apure se desató una lluvia de quejas. El sol y el calor eran inclementes, sin embargo eso poco importaba a los ciudadanos. Al preguntarles por su situación, dos problemas se situaban en el centro de las quejas: el desempleo y la inseguridad.
A un moto taxista ya le habían robado una moto empire, al igual que le había ocurrido a sus “panas” de línea. Por su parte, Jean Carlo, un joven de 29 años, protestaba porque el Ministerio de Educación le había “quitado su credencial”, lo que lo privaba de su puesto en la administración del ente público.
El muchacho, junto a “más de mil trabajadores” en su misma situación, está organizando una protesta para la próxima semana en la casa del Psuv. Dice que está cansado de que no le resuelvan sus problemas.
Pero las protestas no se traducirán en un castigo político contra la autoridad, comentan algunos apureños. Un trabajador llamado Edgar confiesa que son un “pueblo masoquista” que se caracteriza por quejarse un día y luego, al siguiente, da su voto apoyando a los mismos dirigentes contra quienes protestaba.
Desde hace años, Apure lo domina el chavismo. En 2006 Chávez ganó la entidad con 61% de los votos. Desde entonces, el apoyo a los rojos ha venido cayendo levemente, pero la oposición no levanta demasiado.
En las primarias de febrero, fue el segundo estado en el que menos porcentaje de votantes participaron con respecto al número de personas inscritas en el CNE para sufragar.
Edgar dice que las cosas seguirán de la misma manera mientras la mayoría de los trabajos los dé el Estado y la gobernación.
“Si aquí necesitan un arquitecto, prefieren buscarse a un cubano. Entonces los licenciados deben ser vigilantes o atender en un hotel. Pero somos masoquistas y no se va a cambiar”, sentencia.
Inseguridad
El otro problema, el de la inseguridad, se pone de manifiesto, no sólo en los reclamos ciudadanos, sino también en algunos detalles.
En varios locales, vehículos y paredes de la ciudad están pegados afiches en los que se lee: Liberen a Jesús Dobles. Se trata de un comerciante secuestrado hace unos cinco días. Algunos lugareños dicen que los secuestros son perpetrados por el hampa común, para entregar a las víctimas a grupos irregulares.
Uno de esos carteles está ubicado en una pastelería donde el equipo de Tuvotomóvil entró para calmar la sed. Tres leches, marquesas, tortas de auyama y de chocolate se mostraban tentadoras en las vitrinas. Pero faltaba algo, una rápida inspección y… la caja, dónde se paga? Una cola de cuatro o cinco personas reveló el lugar. En la pared había una especie de taquilla que sólo permite al cliente colocar el dinero. Verle la cara a quien atiende es imposible, sólo se puede saber que se trata de una mujer, porque al recoger los billetes, sus uñas pintadas la delatan. Pequeños detalles, que en ocasiones dicen más que las palabras.


masoquista nooooooooo unos grandisimooooooooo pendejos que son como pasan necesidades y todavia apoyan a tan nefasto gobierno